Cómo varios sabrán desde hace 3 años formo parte de “Jóvenes por más” una agrupación de chicos con ganas de mejorar las vidas de las personas. Uno de los pilares básicos que entendemos es el hecho de dar para recibir un beneficio que a muchos les cuesta entender.

Hace mucho tiempo que tengo ganas de escribir sobre éste tema (tengo un borrador) pero el poco tiempo me impide sentarme a redondearlo así que mientras tanto les dejo ésta historia que compartió una de las chicas del grupo en Facebook.
Había una vez un árabe, llamado Beremis Samir, que hacía cualquier cosa con los números (un nerdito cualquiera
). Iba, un día, de viaje cuando halló, a mitad de su camino a tres hombres que discutían acaloradamente frente a un lote de camellos. Y al detenerse Beremís Samir y preguntarles el motivo del entredicho, uno de los alegadores le respondió lo siguiente:
– Somos hermanos y recibimos estos 35 camellos como herencia de nuestro padre, que acaba de fallecer. Yo porque soy el mayor, debo quedarme, conforme a la voluntad del finado, con la mitad de los 35 camellos. Este, que es el segundo, debe recibir la tercera parte. Y aquél, que es el menor, la parte novena de los 35 camellos.
Y dijo otro de los hermanos:
– Pero es imposible hallar la mitad exacta y aún, la tercera y la novena partes de 35. Beremís Samir pensó un instante y, luego, desmontando de su propio camello, lo agregó al lote de los que heredaran los hermanos. Y dijo:
– Agregando mi camello a los vuestros, hacen 36.
Los otros quedaron sorprendidos por la generosa actitud del viandante, pero aguardaron callados a que la esclareciera.
Y así lo hizo, en efecto, Beremís Samir.
– Agregando mi camello a los vuestros, hacen 36. De modo que… toma tú la mitad que te corresponde.
Separó Beremís para el mayor de los hermanos la mitad de 36, es decir, 18 camellos. Volviéndose, enseguida, al hermano segundo, prosiguió:
– Tú debías recibir la tercera parte. Siendo 35 camellos, no habría sido posible que la recibieras, pues la tercera parte de 35 son once y pico. Y los camellos no tienen pico. Pero ahora, siendo con el mío que agregué a los vuestros, treinta y seis: ten. Ahí van tus doce camellos: tercera parte exacta de 36, como ves.
Quedaba por satisfacer al hermano menor:
– A ti, según el testamento de tu padre, te correspondería la novena parte del lote. La novena parte de 36 es cuatro. Toma tus cuatro camellos.
Y el menor de los hermanos los tomó, muy contento. Entonces, Berenís Samir sumó lo que había repartido y dijo:
– Pues que has recibido 18 camellos tú, 12 tú y cuatro el niño, aun habiendo recibido cada uno más de lo que les hubiese correspondido de ser sólo 35 camellos… sumemos: 18 más 12 son 30. Más 4, 34. Quiere decir que de los 36 camellos, sobran dos. Uno es el que yo puse. Y el otro, el que me corresponde por haberos hecho lograr una participación favorable para todos.
Y Berenís Samir dejó a todos los hermanos contentos, y, montando en su camello nuevamente, se fue con el camello de tiro.
La moraleja que le halla, uno, a este cuento de Berenís Samir es que todo cuanto a otros se da en este mundo, se les da provisoriamente, porque siempre vuelve a quien lo diera, aumentado en gran modo.
“Si los egoístas supieran las ventajas que reporta el ser generoso, serían generosos de puro egoísmo”.